Prevención del flagelo del suicidio: Mirar, reconocer al otro
La prevención del suicidio requiere mucho más que una intervención individual. Implica construir redes, reconocer señales, asumir responsabilidades y, fundamentalmente, mirar al otro. Así lo plantea la psicóloga Silvana Lagatta, co-coordinadora del Servicio de Salud Mental junto al psicólogo Leonardo Rucci, al analizar una problemática que define como “el flagelo al que estamos asistiendo no solo los profesionales de la salud sino la población en general”.
Lagatta advierte que el suicidio comenzó a ocupar un lugar más visible en la conversación social. Situaciones que antes permanecían ocultas por el tabú y la vergüenza hoy son relatadas con mayor frecuencia por familiares y allegados. Para la profesional, hablar del problema es un primer paso: “Hay que dejar de hacerse los distraídos. No porque esto no se diga no sucede”.
Uno de los aspectos que más preocupa es la edad de quienes atraviesan estas situaciones. “El grupo etario es alarmante, entre los 19 y 21 años”, señala, poniendo el foco en jóvenes que deberían encontrarse en una etapa de construcción de proyectos y expectativas.
Una problemática que necesita redes
Para Lagatta, el abordaje del intento de suicidio no puede agotarse en el tratamiento profesional. Es necesario construir una red de contención y seguimiento en la que cada integrante tenga responsabilidades y límites claros: familiares, terapeutas, escuelas, clubes, lugares de trabajo, amigos e instituciones estatales.
“El suicidio se consuma exactamente en esos escenarios en los cuales no hay red”, sostiene.
También advierte sobre la necesidad de cuidar a quienes cuidan. Exceder los límites de responsabilidad puede resultar contraproducente tanto para quien atraviesa una situación de riesgo como para su entorno.
Más que estadísticas, comprender los contextos
La especialista cuestiona que las estadísticas disponibles permitan comprender en profundidad las causas y condiciones que rodean los suicidios. Considera necesario conocer los contextos sociales, familiares y personales, los antecedentes de intentos y otras variables que permitan identificar factores de riesgo y diseñar políticas públicas preventivas.
En este sentido, plantea que no alcanza con preguntarse por qué una persona se suicidó, sino también qué condicionamientos atravesaron su vida. La falta de proyectos, las violencias, la depresión y determinadas situaciones de salud mental pueden formar parte de escenarios complejos que requieren respuestas integrales.
La pandemia también dejó consecuencias. El aislamiento y el encierro profundizaron distintas formas de violencia y silenciamiento. Para Lagatta, recién en los últimos tiempos se comenzó a recuperar información y una mayor responsabilidad estatal en materia de visibilización y protección de derechos.
“Tenemos que mirar al otro”
La prevención, sostiene la psicóloga, comienza en un gesto tan simple como profundo: prestar atención.
“Al otro. Tenemos que mirar al otro. Tenemos que reconocer que en el otro hay otro.”
No se trata de considerar a todas las personas como potencialmente enfermas o en situación de riesgo, sino de recuperar la capacidad de reconocer al otro como alguien diferente, con una historia, necesidades y circunstancias propias.
La campaña provincial “Todos podemos hacer algo” apunta justamente a esa responsabilidad colectiva. Pero Lagatta plantea que también es necesario exigir herramientas y políticas que permitan recuperar proyectos de vida, incluso a mediano plazo.
Prevenir el suicidio no significa cargar individualmente con la responsabilidad de salvar a otro. Significa no mirar hacia otro lado, construir redes, conocer los propios límites y reclamar políticas públicas que acompañen.
Porque, en definitiva, mirar al otro también es reconocer que nadie debería atravesar solo una situación de sufrimiento extremo.

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